Des attentions

Foto de Lupita

Entre la multitud agitada representada en algunas de las pinturas renacentistas, aparecen figuras inmóviles que miran al espectador con complicidad, señalando con su dedo índice el trepidante corazón de la escena. 
El gesto nos interpela y nos reorienta, reforzando nuestra atención, quizás perdida en la agitación o en la sutileza de la situación. Dibujada en los márgenes de los manuscritos antiguos y luego transformada en un signo tipográfico, la manecilla con su dedo índice extendido también se utiliza para designar un pasaje cuya lectura merece especial atención. Recurrente en la propaganda, aparece luego en los anuncios comerciales, antes de indicar en nuestras pantallas de computador la presencia de enlaces de hipertexto. El índice apunta entonces a un contenido o a una función que se puede activar haciendo clic con el ratón. Finalmente nuestra propia mano terminó reemplazando al icono, y ahora acariciamos directamente las pantallas táctiles para seguir las pistas, dejando en el historial de navegación un rastro de nuestras cacerías, triunfos y deambulaciones. Este hecho se pone de manifiesto en las huellas dactilares escaneadas por Nicolás Lamas en Ipads apagados (Gestos invisibles). Son múltiples recorridos que van dibujando los senderos en los que se reflejan nuestros intereses o cuestionamientos, y que poco a poco derivan en una deambulación que puede llegar a ser muy fértil.

Siguiendo la definición dada en 2014 por Yves Citton sobre una «ecología de la atención», la exposición «des attentes» (esperas) se centra en preguntarse: «¿qué dejamos pasar (o no dejamos pasar) a través de nosotros» en el entorno digital en el que evolucionamos? Liberados de los imperativos de la comunicación comercial que exigirían que sus obras fueran inequívocamente legibles, los diez artistas reunidos para esta exposición movilizan una atención fluctuante y divagante, libre de cualquier determinismo tecnológico y de cuaquier estandarización capitalizable. En lugar de un estado de alerta permanente que requiere una respuesta y una reactividad inmediatas, los artistas reunidos en la exposición optan por una vigilancia sigilosa y flexible. Así, frente a los hologramas de Daniel Steegmann Mangrané (2013), es necesario ser paciente al mismo tiempo que móvil para detectar finalmente la presencia de insectos camuflados en las ramas: comprender su estrategia de clandestinidad y discrecionalidad, no sacrificar el fondo por la figura, ni el trasfondo por el primer plano. En resumen, se trata de prestar atención al contexto y al medio; al medio ambiente más que a la señal.

La economía capitalista, las neurociencias, los medios de comunicación, el marketing buscan primero evaluar y cuantificar la atención en términos de rendimiento o de recursos; en particular en relación con el «tiempo disponible del cerebro humano» que puede ser controlado por el flujo de información, entretenimiento y consumo. Inexplotable, la inatención es relegada al ámbito de la patología o del fracaso.

El campo del arte, por otro lado, trabaja para calificar, ejercitar y sensibilizar la percepción a través de juegos de reencuadre, enfoque y resolución; y esto con propósitos a veces críticos, como en el video Slogans (1987) de Antoni Muntadas, donde mensajes publicitarios como «te prometemos una audiencia cautiva» se van desmoronando poco a poco. Por el contrario, Raymond Hains asume plenamente la existencia de una «distracción» emancipatoria y exploratoria, que nos lleva a pasar de una coincidencia a la otra, a pasar de las polisemias a las homofonías, de las lecturas comentadas a los objetos encontrados, tejiendo de esta manera una especie de «entramado» personal. Desde 1998, Hains fotografía el mosaico de ventanas abiertas en la pantalla de su ordenador, recopilando figuras, lugares y libros a través de asociaciones, deslizamientos de sentido y juegos de palabras (Macintoshages). Esta atención flotante, que navega siguiendo conexiones subterráneas y a veces una lógica cabalística, también recorre las obras de Susan Hiller y Suzanne Treister, que se mueven en el campo de los sueños y de las alucinaciones.

Artistas más jóvenes como Laurence Cathala y Fouad Bouchoucha cuestionan el rediseño lingüístico de la comunicación digital y sus herramientas, que conducen a la hipertextualidad, la polifonía y la generación infinita de comentarios, así como a la recodificación de los intercambios cotidianos. La película de Daria Martin, Soft Materials, ofrece un contrapunto a este orden del discurso, a través del registro de una coreografía silenciosa entre bailarines y máquinas, a partir de una improvisación hecha en un laboratorio de inteligencia artificial con un dúo guiado por el mimetismo y el aprendizaje automático. Ante los sensores de las máquinas, las percepciones del cuerpo humano reproducen una historia de la sensibilidad tomada en un punto de inflexión. La atención que se presta al cuerpo, a su bienestar y a su conservación, está en el centro de una nueva instalación de Batia Suter, que ha sido invitada a realizar una obra inédita.

Junto con la exposición, los comisarios diseñaron la 10ª edición de la revista Royal Garden, con la colaboración del artista Laurence Cathala y del diseñador gráfico Vincent Maillard quien se ha encargado del desarrollo del sitio. Llamado «côté jardin», del lado del jardín, este espacio editorial en línea ejercita nuestros hábitos de navegar en Internet a partir de otros principios, ofreciendo al internauta la posibilidad de experimentar con diferentes modos de lectura inspirados en las ruedas de libros inventadas por el ingeniero italiano Agostino Ramelli en el siglo XVI, o como las posibilidades que puede ofrecer una lectura mecánica» (término desarrollado por la investigadora Katherine Hayles para referirse a la aprehensión del texto mediado digitalmente). El sitio «côté jardin» propone «un juego de azar» para reproducir constantemente, mediante un sistema de indexación, la combinación de contenidos derivados de la exposición. Textos, imágenes, sonidos y animaciones que redefinen las obras de la exposición a partir de una versión, una asociación, una memoria, una interpretación o un eco. Es posible consultar el sitio web como se consultan las cartas del tarot, y editar, desde casa o desde el Crédac, cada uno de los resultados en una edición única en tamaño A4.

Visuales de la exposición